"La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento".


miércoles, 11 de enero de 2012

AL EKONO POR UNA CESTA DE PAN

 Buenas Noches Queridos Lectores.


He aquí el primer día, de muchos:


Era uno de esos días aburridos y solitarios en mi casa Curaumina, esos días que se caracterizan por no tener noción del mundo exterior. Había leído unos 5 capítulos del libro 'Noche de Paz', el cual tengo el agrado de apreciar en mis tiempos libres. También había tomado Sol y jugado un rato con Paco. No tenía ganas de observar ningún film todavía. Quizás una vez que cayera la noche sobre mis corneas, me decidía a ver Mysterious Skin o alguna de niños gringos medianamente felices. Hasta entonces no daba más con este sol golpeando mi ventana todo el día, el ventilador opacaba un poco el horno de mi habitación. Ya no hallaba la hora que la luz se escondiera por detrás de los Pinos de la lejanía, para proceder a comprar una cesta de Pan ayuya como siempre lo hacía.

Así fue como empezó a oscurecer levemente, bajando considerablemente la temperatura. Sentí mucha más relajación, ya que el sol en momentos me agobia y desestabiliza mi psiquis. Casi al punto de ver y creer cosas que no tienen sentido alguno. Parte de mi cotidianidad...  Me puse zapatillas, me cambie ese pantalón roñoso que ocupo para trajinar y me aliste decentemente en dirección al Ekono, que tan solo está a un par de cuadras. Cerré la puerta con llave. Le hice una expresión de cariño a Paco, ya que siempre se coloca nervioso cuando ve que salgo. Luego el típico empujón para abrir la reja y ya estaba en mi pasaje.

Mientras caminaba hacia la puerta del condominio, pensaba en un delicioso pan con queso y té ingles, que me aguardaban una vez vuelto a mi hogar. Apresurando mi paso en el acto, me llamó la atención que no había nadie en los pasajes - incluso - los usuales juguetes de los niños de mi vecindario se encontraban tirados sin los mismos dueños. Pero bueno, "la mente despistada de un niño es lo que le da su vitalidad" - pensé inocentemente -.
Una vez traspasada la reja del condominio, observé la Av Llanos completamente vacía. Camine igualmente sin sorprenderme, lo único que me sorprendía era como se iba oscureciendo el día rápidamente. Cuando ya casi iba llegando al final de la calle - al mini bosque de la esquina - pasó un automóvil a toda velocidad, casi al punto de patinar sobre el asfalto. Tal auto que luego, se pierde en la distancia doblando por una rotonda. " Estos conductores de hoy en día " - formulé -. Y me vino a la mente sacar pronto mi licencia de conducir. :]

Caminé hasta el final de la cuadra, pasé el mini bosque por el atajo que tomo de costumbre. Aún me quedaba media manzana. Veía el letrero de EKONO en altura, mimetizando con las ramas de los árboles. Las calles en estos momentos estaban un poco más transcurridas, pero de automóviles llenos de maletas y objetos grandes sobre sus techos, como colchones. Manejaban torpemente. Del condominio 'Trinares del Alba' sale una camioneta con varios niños en su parte trasera, a medida que esta se aleja, los niños me miran fijamente con miedo, parecían manikis con insomnio.

Ingresé al supermercado con la actitud pocera de siempre. Ya que sin la necesidad de mirar atrás, estaba consiente de esa chica que envuelve bolsas que siempre se pone colorada al verme. Pasé al costado de una señora pálida, con ojeras, guardaba productos en su carro como si hubiesen descontinuado los fideos del nº5 para siempre, parecía demente. Me dio un poco de lastima, quizás de que situación laboral o familiar venía. Incluso se reía sola. No le presté mayor atención.
Llegué al mueble del Pan, en donde no estaban mis ayuyas predilectas. Luego de insultar cabizbajo unos cuantos segundos, tomé el pan de Molde más cercano. El piso estaba lleno de objetos, botellas de vino rotas y comida tirada. Además de carros esparcidos por todo el lugar.
Transité por uno de los pasillos para llegar a una de las cuatro cajas para pagar. De pronto me percato de un hombre tumbado en el suelo casi agonizante, parecía que era el guardia de seguridad. Esta es la parte más interesante del asunto: me llegaron a la cabeza esas normales intuiciones locas que me llegan en momentos tensos, son como pensamientos premonitorios que poseo desde que tengo memoria. Visualicé su arma de servicio, pensé en cogerla. Ya que al parecer este hombre parecía no prestarle atención a nada, solamente a sudar, respirar fuerte y botar patatas fritas sobre su cabeza al golpear el estante de al lado. Sinceramente pensé en ofrecerle uno de mis pañuelitos desechables para que se quitará ese desagradable sudor de encima, pero me quedaban pocos. En fin, no atiné, cabe admitir que aún seguía medio atontado por el sol directo de toda la tarde.

Avance hasta la caja. Por primera vez vi una caja desocupada. Y sin dudarlo, la primera imagen que me vino a la cabeza fue sacar todas las cajetillas de Lucky Blue posible, fue mayor ese impulso que el solo hecho de pasar con mi pan gratis, cosa que también hice. No se encontraba la chica que envuelve bolsas, igual le deje una moneda de 100 pesos sobre la superficie metálica del mostrador.
A medida que salía casi me tropecé por un charco de vino rojo en el piso, del que no pude reconocer la cosecha de la viña de su procedencia. La señora desesperada iba saliendo también con su carro lleno de víveres. Me empujó bruscamente hacia un costado sin pedirme permiso, esto aumento mis ganas de irme de este pueblucho de una vez por todas. Eso sí, no pude evitar notar su brazo ensangrentado en su sueter color crema. La señora corrió con su carro por los estacionamientos hasta llegar a su 4x4 verde. Subió todo lo que pudo con un hombre igualmente desesperado, para luego partir a velocidad desmesurada en dirección contraria al tráfico.  Me imaginé que tal ves al día siguiente había un festivo católico, del que no me recordaba. En el intertanto le dí un pedacito de pan de molde a un perro que me miraba con ojos confusos.

De la nada apareció una niebla incomoda y un frió que estremeció mis piernas. Caminaba hasta la punta del mini bosque para dar la vuelta a Av Llanos. Iba por el camino largo, agradezco no haber tomado el atajo de siempre, pienso ahora... La niebla inundó todo a mi alrededor, me sentía como Nicole Kidman cuando salió de la mansión en 'Los Otros', solo que yo no llevaba un vestido ni un pañuelito en la cabeza.
Pensaba, " Que extraño cambio climático, fue de tan solo unos cuartos de hora ".

- Fucking micro clima de Curauma. - Formulé rasposamente a través de mis labios -

De pronto siento un ruido atrás mio, era un sonido extraño, como el de un vagabundo que necesita agua o algo así. Me detuve en pleno silencio, en plena niebla blanca y esperé leves segundos a que apareciera la figura de tal vagabundo que había creado mi imaginación. De entre la niebla aparece una figura oscura en sombra a unos tantos metros, jadeaba a un paso muy deforme y arrastraba una pierna.

 "¡Lo que faltaba!" - pensé -

-¡No tengo cambio! - le grité, sonreí y me di media vuelta -.

Hasta que en breves instantes, siento que el anciano apresuró el paso hacia mi, volteo violentamente y aprecié lo más horrible que había visto en mi vida. Parecía ser un integrante del club de teatro que queda a la vuelta. Todo ensangrentado y maquillado, se veía ridículo. Incluso le faltaba una parte de la cara y un ojo, de esas tipicas prótesis de látex.

-¿Te perdiste del club?, ¡queda a la vuelta amigo! -Le dije -.

A lo único que atino ese idiota fue abalanzarse hacia mi botandome al suelo. Me golpeé mi brazo izquierdo con una piedra puntiaguda. Mis sentidos solamente atinaron a un enojo repentino. ¡Mis cajetillas de Lucky Blue estaban esparcidas por todos lados!. De inmediato él también se arrojó contra el suelo quedando a la altura de mis piernas, las tomaba intentando morderlas en un acto pervertido de no se que obra teatral... la cual desafortunadamente quería ensayar con mi persona.
Una de mis piernas reaccionó prácticamente sola, le golpee en la cabeza, él cayó a un costado. Me arrastré un tanto en el suelo y logre ponerme de pie. Sin motivo aparente, el seguía en esa posición mirándome y haciendo sonidos extraños, le costaba pararse al parecer.

-¡Aprende a hacer vocalización, sopenco!. ¡El club queda a la vuelta, no era necesario este timblado!.

Le dije mientras me quitaba el polvo de encima y acariciaba mi brazo adolorido.
Recogí mi bolsa con la cesta de pan de molde, que estaba ya toda empolvada. Le deje una cajetilla de 10 para que no molestara más...

Empecé a caminar más rápido a mi hogar, sabía que quedaba solamente una cuadra, pero la niebla y la confusión me tenía la mente intranquila.

- "¿Que pasaba por su mente?", "Si hubiese querido un cigarro, lo pudo haber pedido amablemente, ¿es lo más lógico no?", "¿Que demonios le ocurre a la gente?", "Me duele mucho el brazo, deseo pronto llegar a mi hogar..." -.

Pensamientos similares pasaban a milésimas de segundo por mi gullivera.
Para rematar todo, mientras caminaba pensante, choque en seco con un automóvil que estaba estacionado en medio de la calle, caí de espalda al asfalto y ni hablar de mi pan de Molde... Quede inmóvil por lo menos un minuto, el golpe fue repentino y vergonzoso. Esperaba que nadie se estuviese burlando desde la comodidad de su hogar.
La humedad de la niebla estaba ya mojándome, y su intensidad fue la que no me permitió observar el automóvil. Ne levanté como pude y pude apreciar, que este último tenía sus puertas abiertas, mire hacia adentro buscando alguna respuesta a su pésima estacionada, no encontré ninguna satisfactoria... si no, puros cachureos de bebés.

Llegué finalmente a la reja de mi condominio, la cual cerré firmemente. Caminé por mi barrio a velocidad considerable, divise las ventanas empañadas de cada casa vecina. No habían luces encendidas, incluso, muchas de las ventanas estaban selladas con madera colocada a la rápida. "¡¿Que acaso no me percate de esto al salir de compras?!", me sorprendió increíblemente tal noción. Debió haber sido como estuve el día encerrado fuera de toda comunicación.

Ingrese a mi patio. Paco estaba en silencio, me sorprendió que no apareciera a saludarme. Entré y prendí la televisión. Algo raro sucedía... en el canal 4 encontré la explicación a todo, solamente atiné a apagar rápidamente las luces que había encendido ignorante. Cerré las cortinas, me arrojé en mi cama e intente llamar a mi madre, las líneas locales estaban copadas. Y ésta, era la hora común en la que llegaba de vuelta de su peluquería en Valparaíso.
Comencé a meditar lo que vi en la TV. Y pude culpar al clima de una vez por todas. Al parecer 35º de sol, con un cambio rotundo a 15º con nubosidad parcial y niebla en toda la ciudad, atontó a los habitantes. Esa era la simple explicación, culpa de la capa de ozono, de que más.... motivo por el cual preferí estar a oscuras, para ver si podía ayudar por lo menos un poco al medio ambiente. Aparentemente no estamos preparados para estos bruscos cambios climáticos... Bueno...

Pero no podía negar, que un raro presentimiento azotaba mi psiquis, algo me impedía creerle a la simple dirección meteorológica, algo, algo diferente ocurría en las personas... De pronto pasó lo que tenía que ocurrir, para darme cuenta de una vez por todas, el significado absoluto, la respuesta innata a los extraños acontecimientos...




CONTINUARÁ. 



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